Actualmente, el Estado español cuenta con módulos específicos para mujeres en los centros penitenciarios, al margen de la existencia de tres centros penitenciarios exclusivos de mujeres (Madrid I, Ávila y Alcalá de Guadaira). Además, de las Unidades de Madres exteriores de los centros, así como las Unidades Dependientes de madres.
Por otro lado, desde el 2004, se han potenciado propuestas de tercer grado y medidas alternativas para el cumplimiento de las penas.
Según informes disponibles, desde los años ochenta hasta la actualidad, tal como podemos observar en la Tabla 1, en el número de mujeres reclusas se ha producido un aumento, de modo que su incremento casi triplica el experimentado por la población reclusa masculina, en esa misma fecha.
Tabla 1. Evolución de la población reclusa en España por sexo, 1985-2008
|
Hombres |
Mujeres |
Total |
% Mujeres presas |
1985 |
21.751 |
1.051 |
22.802 |
4,6% |
1991 |
34.376 |
3.183 |
37.559 |
8,5% |
1994 |
43.351 |
4.554 |
47.905 |
9,5% |
1998 |
40.751 |
4.121 |
44.872 |
9,1% |
2000 |
41.451 |
3.653 |
45.104 |
9% |
2006 |
57.506 |
4.920 |
62.426 |
7.9% |
2006 |
58.912 |
5.109 |
64.021 |
7,9% |
2007 |
61.508 |
5.592 |
67.100 |
8,3% |
2008 |
61.847 |
5.581 |
67.428 |
8,2% |
Fuente: Datos de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, 2008
Ante los datos, han surgido diversas hipótesis que intentan explicar este notable incremento. Una primera establece la drogodependencia, como uno de los desencadenantes del aumento del número de mujeres en las cárceles en España, dado que el consumo de estupefacientes puede derivar en actividades delictivas. Por otro lado, una segunda hipótesis vincula el crecimiento de la población femenina en prisión al endurecimiento de las penas para los delitos contra la salud pública, ya que la gran parte de las mujeres encarceladas actualmente cumple condena por delitos, directa o indirectamente relacionados con el consumo o tráfico de drogas. Por último, la creciente feminización de la pobreza se traduce en procesos de marginación y exclusión social de las mujeres y en un aumento del número de mujeres inmigrantes provenientes de países empobrecidos e involucradas en el tráfico de drogas.
Una de las cuestiones claves a tener en cuenta en el trabajo con mujeres privadas de libertad es la gran diversidad que presenta la población femenina en prisión, debido principalmente a la diversidad de países de origen, etnias, religiones, culturas, etc. Este factor complejiza el tipo de abordaje y de intervención en salud pero, a su vez, lo enriquece, a la hora de visibilizar, desde un enfoque de género, los puntos en común y divergentes de sus distintas experiencias de vida como mujeres.
Tabla 2. Evolución de la población reclusa extranjera por sexo, 2000-2008
|
Hombres |
% |
Mujeres |
% |
Total |
% |
2000 |
8.186 |
91,06 |
804 |
8,94 |
8.990 |
100,00 |
2008 |
20.859 |
90,53 |
2.183 |
9,47 |
23.042 |
100,00 |
Fuente: Datos de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, 2008
También, se ha considerado que algunas de las mujeres en prisión han vivido situaciones de malos tratos y abusos sexuales antes de su entrada en la cárcel, y que en los centros penitenciarios, aunque en la actualidad se están fomentando los programas sobre violencia de género; en general, no existen programas de atención dirigidos a las mujeres maltratadas. Por esta razón consideramos fundamental atender especialmente a esta problemática.